Mujeres en el Poder, Universidad Michoacana

Quiero ser clara: corrupción es el abuso del poder en beneficio propio. Corrupción es, muchas veces, la acción que realiza quien llega sin voluntad de construir, y solo se limita a servirse desde el escritorio, sin haber caminado un solo pasillo.
09:44 AM 21/08/2026


Mujeres en el Poder, Universidad Michoacana
Por Yarabí Ávila González.

Morelia, Mich./ Quiero ser clara: corrupción es el abuso del poder en beneficio propio. Corrupción es, muchas veces, la acción que realiza quien llega sin voluntad de construir, y solo se limita a servirse desde el escritorio, sin haber caminado un solo pasillo de esta Universidad y aún así cree que puede disponer de ella como si fuera suya.
Corrupción es también la deslealtad disfrazada de cercanía: la de quien ayer sonreía de frente, comía en la misma mesa y hoy traiciona por la espalda en cuanto sopla un viento distinto. A esa corrupción también hay que nombrarla y exhibirla, aunque incomode.
Y hay algo más que no pienso callar: llevo tiempo viendo un patrón que ya no es casualidad, es misoginia. Mucha misoginia. Cuando un hombre defiende su gestión con firmeza, le llaman liderazgo. Cuando una mujer lo hace, le llaman necia, conflictiva, "difícil de tratar". Cuando un hombre toma decisiones institucionales, nadie cuestiona su capacidad. Cuando una mujer las toma, cuestionan hasta su tono de voz, su carácter y su lugar, incluso su vida personal; ya no es el cargo o su capacidad para ejercerlo lo que se somete al escrutinio público. Entonces, se acaba el debate y aparece el odio.
A las mujeres que ocupamos espacios de decisión no siempre nos enfrentan con argumentos, nos atacan con desgaste, con presión, con insultos, con la certeza de que, tarde o temprano, nos vamos a cansar y nos vamos a ir. No hay que confundir templanza con debilidad.
A mí me van a encontrar siempre: trabajando, defendiendo a la UMSNH, con la frente en alto y las cuentas claras, porque esta es mi alma mater, y soy orgullosamente nicolaita y humanista. Pero también porque detrás de mí hay otras mujeres, quienes también ocuparán un lugar en los espacios donde se toman decisiones, y es ahí donde quienes tenemos esta oportunidad de estar en este lugar, aún contra de quienes buscan que las mujeres regresemos al oscurantismo de otras épocas, al retroceso en nuestros derechos humanos, y es aquí donde la firmeza se impone y las cualidades están fuera de cuestionamientos cultivados con la semilla de la misoginia. Es aquí donde nuestra fortaleza, nuestro temple y lucha, debe ser por todxs y sobre todo.

Y no solo en el terreno de la lucha por la igualdad y reconocimiento de derechos nos hemos distinguido, los ideales no son nada si no van precedidos con los hechos. En nuestra Universidad Michoacana, la justicia laboral era un rubro olvidado entre la opacidad que genera la deshonestidad y la poca empatía hacia la fuerza que mueve a esta gran institución: sus docentes. Aquellas mujeres y hombres que se levantan día a día con la convicción de realizar sus labores con la mente fija en mantener en alto el nombre de nuestra máxima casa de estudios; aquellos quienes se entregan por completo y sin ningún tipo de reservas a nuestra orgullosa universidad nicolaita.

Muchos de ellos estaban en el limbo laboral, y por primera vez, se tomó como una necesidad ineludible, el aclarar las condiciones de trabajo de miles de empleados nicolaitas, quienes después de un largo periodo de olvido institucional, vieron la luz de la acción decidida de esta Rectoría, la cual entendió a cabalidad que el bienestar de los trabajadores es el futuro y el bienestar de la Casa de Hidalgo, y que caminando juntos hacia una realidad laboral favorable, es como se llega lejos, es como se construyen las grandes historias de éxito, nada más y nada menos que con la unión de fuerzas entre autoridades y empleados y profesores que mantienen firme su amor por nuestra Universidad Michoacana.

Otros, tal vez, sí tengan qué esconder cara y bajar la mirada. El tiempo transcurre de forma inexorable y muestra las huellas claras de aquellos que caminaron por la senda equivocada, y siempre deja al descubierto los pies de aquellos que andan por la vida sin tener conciencia ni principios.

La Universidad Michoacana es de quienes la construimos todos los días, con trabajo dedicado e incansable, no con traiciones, ni mucho menos, con un notable odio de género, porque esta Universidad, cuna del humanismo y de lealtad a los más altos principios, está conformada por estudiantes, personal administrativo y profesorado que tienen sus bases fundamentadas en la pluralidad y diversidad de ideas. Hoy estamos dispuestos a dar la lucha hasta al final, con argumentos, con firmeza, pero sobre todo, con la certeza de que la Casa de Hidalgo no es botín de nadie, es patrimonio único de Michoacán y su pueblo. Aquí estoy y aquí estaré, y aunque la voz tiene precio estoy dispuesta a levantarla al costo que sea y de frente.


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