Cada vez que se aproxima el relevo en la Rectoría de nuestra Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, volvemos a encontrarnos con una escena
familiar: los nombres circulan con intensidad, los grupos toman posiciones y las
expectativas se concentran en averiguar quién llegará a ocupar el cargo.
Entiendo perfectamente este interés, pues la conducción de nuestra Casa de
Hidalgo es un asunto fundamental para el rumbo de Michoacán.
Sin embargo, he venido sosteniendo que hemos dedicado demasiado tiempo a
discutir quién llega y muy poco a definir qué necesitamos que haga.
Desde mi experiencia y trayectoria como Académico Nicolaíta, el verdadero debate no debe reducirse a una sucesión de personas, sino centrarse en la construcción colectiva de un proyecto universitario sólido que responda con eficacia a las
exigencias educativas, científicas y sociales de nuestro estado.
Por ello, he puesto sobre la mesa una visión clara y estructurada para fortalecer nuestra vida académica y científica.
No basta con actualizar planes de estudio o anunciar opciones educativas de moda; la verdadera transformación requiere modernizar laboratorios, impulsar la formación docente, dignificar la labor de quienes investigan y vincular estrechamente el
conocimiento universitario con las soluciones que Michoacán urgentemente
demanda.
Conozco a fondo las entrañas, las fortalezas y las dificultades cotidianas de nuestra institución, y sé que gobernarla no requiere de ocurrencias ni improvisaciones, sino de templanza, madurez política, honestidad probada y una
sincera vocación de diálogo permanente con todos los sectores de nuestra
comunidad.
La congruencia debe ser el sello distintivo de nuestra gobernabilidad.
No podemos hablar de excelencia ni de justicia social si toleramos condiciones laborales precarias o si cerramos el paso a los jóvenes de comunidades rurales e
indígenas que buscan un futuro a través de la educación.
La verdadera unidad Nicolaíta no se alcanza bajo inercias del pasado ni mediante el reparto de posiciones por conveniencia, sino a través de acuerdos transparentes, reglas claras y objetivos compartidos.
Tengo la firme convicción, la experiencia y la entereza necesarias para encabezar esta transformación con equilibrio y concordia; estoy preparado para aportar el
liderazgo firme, incluyente y con rumbo que nuestra Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo necesita para trascender hacia el futuro. Palabra_de_Nicolaita.
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